
por Diego A. Navarro M.
A todos nos ha pasado el hecho de sentirnos atrapados en un sistema que no nos trata con respeto y que nos convierte en un simple “número de la seguridad social”, esto es lo que le sucede al protagonista del crudo filme I, Daniel Blake. Una película británica del experto en cine social Ken Loach, donde se muestra ese lado oscuro de la burocracia y más doloroso aún, que un trámite te deja en la fina línea de quedarte en la calle o en la tranquilidad de tu casa.
Es interesante el pensar esta película desde un punto de vista europeo, ya que es una coproducción, entre tres países: Reino Unido, Bélgica y Francia; pero es una mirada a la cotidianidad de identidad y sistema del continente: Loach, a través del realismo británico nos muestra el día a día de diferentes personas dentro de un entorno burocrático y que a todos nos ha pasado.
El filme tuvo un largo recorrido dentro de festivales, donde se destaca la Palma de Oro del festival de Cannes en 2016, la nominación a los Goya a mejor película europea, y dentro de los Premios del Cine Europeo consiguió 4 nominaciones incluyendo la de mejor película del año. La película se puede ver actualmente ya luego de su largo circuito de festivales se puede ver tanto en Prime Video, Filmin como Movistar+ en territorio español, dos de tres, plataformas españolas, sin embargo es curioso el pensar que, por ejemplo, en Inglaterra se puede revisitar en Disney+.
A lo largo de la película conocemos a Daniel, un carpintero de avanzada edad diagnosticado con problemas cardíacos y que le impiden trabajar, con la única solución de pedir el subsidio por incapacidad, pero para obtenerlo tiene que buscar trabajo; ahí entra el primer laberinto de la burocracia. Sin embargo, Dan no se rinde y hace lo necesario para conseguirlo.
A lo largo del filme se presentan nuevos personajes como Katie; un claro ejemplo de lo que el director llama en las entrevistas “ La limpieza social”, la situación que se lleva viviendo en la ciudad londinense y en la mayoría de las capitales donde la subida de precios de alquileres llevan a las personas a salir de los centros de la ciudades para irse a las afueras y poder subsistir con alquileres “decentes”.
En los aspectos técnicos, destaco la fotografía de la película que, con una cámara en mano, acompaña al protagonista tanto literal como metafóricamente, reflejando el caos que le rodea. Esta impotencia de no sentirse en un sistema que lo respete y la alta probabilidad de poder perder por todo lo que ha trabajado. La fotografía junto a los colores fríos y grisáceos nos presentan la frialdad de la sociedad, una soledad visual en cada plano, por ejemplo, cuando Dan espera en la sala de espera de los servicios sociales, donde representa esa deshumanización, el protagonista es simplemente uno más de los miles que se sientan en esas sillas día tras día.
Un personaje significativo en la película es Katie, una madre soltera de dos niños que tiene que mudarse del centro de la ciudad sin poder llegar a fin de mes. Ella hace todo lo posible para mantener a sus hijos e incluso deja de comer ella misma. Es una representación de fuerza y resiliencia, necesaria para poder afrontar las diferentes dificultades que se presentan; incluso cuando no depende de nosotros mismos.
Una escena que tengo que aceptar que me dejó tocado, fue al comienzo donde Daniel, hace su mejor esfuerzo de ir a un cibercafé y poder hacer los trámites necesarios online, sin embargo, no lo logra, por su falta de conocimiento en ordenadores. Esta escena logra transmitir al espectador esa impotencia, de no poder cumplir los requisitos necesarios y como ya no es “el que quiere, puede” es que aunque quiera, el sistema no me ayuda. Además en esta escena, el título de la película adquiere un significado profundo cuando Daniel se enfrenta a un formulario en línea que le pregunta quién es, y él responde con un simple «I, Daniel Blake» reafirmando su identidad y en la que basa el resto de la película en su lucha, culminando así cuando escribe «I, Daniel Blake, demand my appeal date before I starve»
Es una película necesaria, una estocada al corazón, no es bella, y no lo pretende ser, es un grito por parte del director de mostrar una realidad que muchos viven hoy en día, en este mundo existen muchos Dan y Katie, que simplemente están atrapados en un sistema, un laberinto burocrático y esta película es esa prueba.