por Javier Alvarado

Sin duda, un festival de cine, es un evento muy especial, y más aún uno del calibre del Berlinale. En febrero de este año tuve la oportunidad de asistir con acreditación de estudiante, junto con algunos compañeros, al festival internacional de Berlín. Esta acreditación nos permitía acceder a todas las proyecciones de manera gratuita, a excepción de los estrenos que se llevaban a cabo en el escenario principal.
Era el primer festival de cine al que acudía, y no sabía muy bien qué esperar, solo que iba a ver muchas películas durante 10 días. Y así fue, en los 10 días que pasé en la capital alemana, el itinerario era siempre el mismo. Por la mañana, sonaba la alarma a las 7 para entrar en la cola y poder coger las entradas para las proyecciones del día siguiente, desde la página web. Después de haber cogido las entradas, siempre con adrenalina porque las películas más populares se agotan en cuestión de segundos y nadie quiere quedarse sin entrada, normalmente volvía a dormir un par de horas o tres, unos días más contento y otros más frustrado, en función de las entradas que hubiera podido conseguir.
Las proyecciones más tempraneras, las de las 9 de la mañana solía evitarlas, porque eso indicaba salir del alojamiento casi una hora antes y ya estabas el resto del día cansado y con mucho sueño. Solo un día, fui con algunos amigos de clase a las 9, a ver una película de la Competición Oficial (Black Tea).
Ninguno nos enteramos de la película, los 4 nos dormimos en momentos diferentes, era bastante mala de todas formas. Lo más habitual era empezar a las 11 o 12 de la mañana, y una vez en el centro de la ciudad comer por ahí y seguir el día con otras películas hasta que se haga de noche. Los cines estaban muy separados entre sí, y normalmente te tocaba coger el transporte público para ir de una película a otra (otro gasto de dinero a tener en cuenta). Esto tenía su lado bueno y era que podías hacer turismo entre una película y otra, en el poco tiempo que tuvieras entre medias. La mayoría de los cines estaban en buenas ubicaciones dentro de la ciudad, excepto un par de ellos que estaban más en las afueras.
El festival de Berlín está abierto al público, hay unas entradas exclusivamente para acreditados, pero también hay unas que están destinadas para el público general, a unos 12/15€ la entrada. Aunque es bastante recomendable ir con acreditación siempre que sea posible, puesto que te pueden invitar a eventos externos al festival. A nosotros, nos invitaron a la embajada de España, donde se iba a realizar una charla sobre la inteligencia artificial en la industria audiovisual en la que asistirían ‘los Javis’ como ponentes, y posteriormente se serviría un aperitivo con comida y bebida de España. Además de alguna fiesta para acreditados o estudiantes de cine.

Lo más llamativo del festival son los grandes nombres de la industria del cine que asisten cada año. Yo tuve la suerte de ver muy de cerca a Martin Scorsese, que recibió un premio honorífico y dio una charla para los afortunados que conseguimos entrada, Adam Sandler, Carey Mulligan y Paul Dano, entre otros.

También asistieron más que no pude ver en persona como Cillian Murphy, Kristen Stewart o Matt Damon. Antes de asistir a un festival como el Berlinale hay que tener en cuenta que vas a tener poco tiempo para comer y para dormir, ya que después de ver cuatro películas toca relajarse en un bar y disfrutar de la cerveza alemana, o del ocio nocturno de Berlín.