
Por Lucía Baños
“Cuando vuelas lejos, lo ves todo más claro”
En la nueva película de Pau Durá, Pájaros, podemos ver a los dos maravillosos Javier Gutiérrez y Luis Zahera, este último interpretando un papel en el que agradece poder haber salido del estereotipo de villano que le venía persiguiendo.
La película trata de un viaje en coche y, a la vez, hacia el interior de cada uno de ellos. Mientras que el personaje de Colombo, interpretado por Javier Gutiérrez, es un buscavidas, compaginando el trabajo de mecánico con la venta de marihuana, Mario (interpretado por Luis Zahera) es un abogado amante de los pájaros y lleno de traumas.
Los dos emprenden un viaje que les cambiará la forma de ver la vida completamente. El viaje se inicia por la supuesta búsqueda de Mario de un ave, cuando la realidad es que se están buscando a ellos mismos. Su recorrido, está lleno de un análisis interno de sus vidas. País por país se van dando cuenta de todo lo que quieren dejar atrás de ellos mismos, de cómo quieren amar, y como empezar de cero.
La película nos transmite un sentimiento de amistad, de volver a empezar y de tranquilidad a través de sus increíbles diálogos, y sus imágenes. Cada carretera por la que circulan es diferente, ofreciéndoles nuevas maneras de ver y manejar la vida.
Colombo, es una persona ruda, libre, sin ataduras ni preocupaciones, dejando todas las cosas siempre a la mitad, menos este viaje, en el que acompaña a su amigo hasta cumplir su objetivo. Mario, en cambio, sabe lo que quiere, cumplir su último deseo, antes de que cambie su vida por completo. Lo que no sabe es que su deseo ya se cumplió hace mucho tiempo.
En este increíble viaje que emprenden hacia Rumania, se van encontrado con diferentes personas, las cuales a cada uno le aportan cosas diferentes. La primera persona que se encuentran es con Elisabetta (interpretada por Teresa Saponangelo), con quien Colombo se da cuenta que es posible volver amar, y existen muchas formas de ser querido. Mario consigue darle ese rumbo a la vida que Colombo necesitaba ver, y Colombo consigue regalarle esa alegría de vivir a Mario.
La película es una road-movie internacional (que no son muy típicas en el cine español). Grabada en varios lugares como Cataluña, Valencia, Italia y Rumanía hasta llegar a Constanza, con vistas al Mar Negro, donde se rueda el final. Se trata de una coproducción en las que intervienen productoras de los distintos países en los que se ruedan, como son Italia y Rumania (Birds Film, Fosca Films o Saga Films, entre otras).
Como dice el director de la película Pau Durá: “Contamos una historia de cómo se necesitan las personas”, su objetivo es hacer que dos especies de antihéroes protagonistas que han cometido errores en el pasado, se ayuden hasta encontrarse a sí mismos, y descubran como se necesitan el uno al otro.
Al final de la película, se encuentran en Constanza frente el Mar Negro, allí los dos ven esa supuesta ave por la cual habían emprendido el viaje, una bonita referencia a que lo que de verdad buscaban, ya lo habían encontrado. Gracias a los ambientes, la fotografía de la película, sus actores y, sobre todo sus diálogos, nos hace atraparnos en una conmovedora historia agridulce sobre la amistad y las segundas oportunidades en el amor, el trabajo, las personas, pero sobre todo en la vida.