Por Unai Varas Lleó

Durante las últimas semanas parece que no se habla de otra cosa que no sea de Torrente: presidente. Santiago Segura y sus múltiples decisiones publicitarias, entrevistas y declaraciones llevan recorriendo los círculos cinéfilos en redes sociales todo el mes (con todo tipo de opiniones, porque otra cosa no, pero opiniones tenemos de sobra). Y, aunque pueda parecer que ya no hay nada que rascar del tema, que esto ya es aburrido y casposo, creo que aún queda mucho por analizar.

Porque, de todas las entrevistas que se han hecho a Santiago Segura, lo más interesante y relevante de todo ello es lo que se callan, los silencios, lo que no se atreven a preguntar. Cada vez que veo cualquiera de estas entrevistas pienso: ¿pero porque nadie hace las preguntas que verdaderamente importan? Puede que no interese.

Las conversaciones oscilan entre la absurda polémica de las subvenciones al cine español por parte del gobierno y preguntarle una y otra vez a Santiago Segura que opina sobre que le llamen “facha”. Y él, como es normal, siempre con el mismo discurso: “la película es una sátira, yo me río de todos por igual”. Bien, aquí la gran duda, la que creo que desestabiliza el discurso de una película desde sus cimientos y que no dejaba de acuciarme a la cabeza durante la proyección en los cines de mi barrio. Si aceptamos que Santiago Segura con Torrente está riéndose en la cara de todo ese tipo de actitudes, machistas, homófobas o racistas, ¿porque su película no deja de ser una consecución de personajes, cameos, y famosos del mundo político o redes sociales que son, justamente, representantes de esas mismas actitudes?

Es decir, todo el público cuando vemos que aparece el “Dandy de Barcelona” sabemos que no está actuando, que debajo de la risa de los espectadores existe algo extraño, porque lo que dice esa persona no es un papel impostado, es su verdadero yo. Entonces aquí, a mí se me quiebran las neuronas. ¿Es Santiago Segura un genio y se está riendo en la misma cara, frente a frente, de esas personas? Porque es algo obvio, ese hombre es un Torrente en la vida real. Pero no solo puede estar riéndose de ellos, les está contratando para su película, les está dejando un espacio en la misma. Por lo que todo esto es demasiado contradictorio. Es muy difícil saber que esta ocurriendo en la pantalla. Pero, tras reflexionar sobre estas tensiones, todo termina por ser mucho más sencillo de lo que parece. Ya que se llega por lo menos a una conclusión: la mayoría son conscientes de que se están riendo de ellos. Pero la clave es que no les importa. No importa porque salir en Torrente: presidente les interesa. Les interesa mucho, y sea o no la palabra legitimación la correcta en este caso, es una manera de seguir dando voz a gente que, seamos sinceros todos, no deberían tenerla. Por esto, la risa se ahoga y deja espacio a la sospecha.