por Marina Marcos

Normalmente solo pensamos en dos formas de vivir un festival de cine: puedes disfrutarlo como espectador (ya sea para ampliar tu lista de Letterboxd o para formar tu ojo crítico), o puedes vivirlo con la tensión del que ha presentado un proyecto y no sabe qué le deparará el futuro. No obstante, existe una tercera disyuntiva de la que no solemos ser conscientes: la incertidumbre que lleva organizar un festival de cine.
Por eso cuando el pasado octubre de 2025, mientras disfrutaba del festival de Sitges en esa segunda vía, el actor Daniel Chamorro (El buen patrón, La boda) me ofreció formar parte de la selección oficial del Festival de Cine Social Jorge Manrique de Ciudad Real (o para acortar, Man!Fest) no sabía qué esperar.
Desde luego, uno nunca sabe hasta dónde le puede llevar el Networking, y en mi caso fue a Castilla La Mancha. Esta primera edición tuvo lugar los días 18 y 19 de noviembre, y con sede en el Espacio Joven de Ciudad Real, el festival proyectó en sus dos días de duración 25 piezas audiovisuales que, si bien se da cabida a todo tipo de obras, su foco principal está en propuestas de tipo social, con especial énfasis en corto y largometraje de ficción.

Ser tribunal de selección en una primera edición de un festival, si bien puede parecer algo pequeño, termina por hacerse algo grande. Decidir qué entra y qué no a un festival de cine es de las cosas más difíciles que se pueden hacer en el sector, pero finalmente merece la pena. Sobre todo cuando miras en retrospectiva al hecho de que has presenciado, en mi caso, 200 nuevas historias llenas de significado. Más allá de hacer una criba por cuestiones técnicas, lo más duro sin duda era tener que decir que no a historias que emocionaban y tocaban temas reales. Y al mismo tiempo, no todo es decidir con el corazón. Al ser tribunal de selección se debe tener en cuenta también el evento que se organiza, el sector del público que vendrá a ver esas obras y el tipo de propuestas que suele frecuentar el cine de festivales. El proceso de selección supuso una auténtica clase magistral de cómo funciona el sector.
La gran ganadora de la noche fue PENDARIPEN, premio a Mejor Largometraje. La cinta dirigida por Alfonso Sánchez, un documental que recorre la historia del pueblo gitano durante 600 años y narrada por Lolita Flores, fue proyectada antes de la entrega de premios, ofreciendo a su vez un coloquio con el montador de la película, Pablo Vega, que recibió el premio en representación de su director e incidió, al ser él mismo parte de este pueblo, en la importancia de reformar el relato que se tiene de la cultura gitana y desde luego la cinta ofrece una visión nunca vista antes con una calidad técnica excepcional.
La selección abarcó cortos de todos los lugares del mundo, pero con un foco especial en España y Europa. El premio a Mejor Guión de Cortometraje Social fue destinado a Ya Hanouni, una ficción francesa de 3 minutos codirigida por Lyna Tadount y Sofian Chouaib que actualmente está arrasando en festivales de todo el mundo. Si bien breve, la intensidad emocional de la obra en un contexto más que real en nuestra actualidad fue lo que le llevó a recibir el galardón (no os adelanto más pero animo fervientemente a verlo).

La Mención Especial a Objetivos de Desarrollo Sostenible le fue adjudicada a 123 Semillas de Nim, un documental realizado por Adrián Buenaventura, con quien pude intercambiar unas palabras durante el festival. Presentador de Aragoneses por el Mundo, dio la vuelta a su vida cuando le contaron la historia de esta escuela de Kenia para niños con diversidad funcional y vio la necesidad de hacer este documental. Hablando con él, también me recalcó lo mucho que disfrutó la oportunidad de llevar el proyecto a espacios que se preocupan por temas sociales como este.
La experiencia de vivir un festival como este desde dentro es algo con lo que no contaba en mi lista de objetivos de este año, pero sin duda la recomiendo. No puedo esperar a ver cómo crece el Man!Fest en futuras ediciones, y si no puedo vivirlo de nuevo desde esta “tercera vía”, me conformaré con vivirlo desde la primera. De la forma que sea, el circuito de festivales no solo es una experiencia única, sino una oportunidad de entrar en este mundo de las formas más inesperadas.